era invierno y parecía invierno.
los colores de las cosas eran absolutos, chillones.
hubieran pero no sabían cómo salir de la maraña de la
cortesía.
y es que el invierno era duro y no podían dejar el refugio.
no podían alejarse hasta perderse de vista, sólo tratar.
las formalidades y los ritos los herían como agujas.
su desprecio mutuo se volvía azúcar, sus ganas aceite.
pero las sonrisas y los tintineos de la cucharitas en las
tasas eran más fuertes.
si tan sólo hubiera podido por un instante permitirse.
pero había pasado tanto tiempo desde la última vez que
supieron cómo.
que no les quedaba más que esperar a que la nieve los dejara
seguir con sus vidas.
donde la cortesía tuviera lugar para hincharse.
donde la consecuencia inevitable no fuera un lugar demasiado
pequeño.
y siempre alguien de más.
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