lunes, 7 de abril de 2014

Purr, gatito de felpa


En cuanto abrí la jaula reaccionó, por supuesto le hice baby talk como siempre, con la patita canalizada y todo se levantó para repegárseme y quedarse ahí en la jaula y no, con la cabeza enterrada en mi suéter, el lugar más seguro del mundo. Lo conozco desde hace nueve años y nunca, ni cuando era una bola de pelo que cabía en la palma de mi mano, lo vi tan chiquito, tan frágil. Cuando lo conocí los sostuve a él y a su hermano, cada uno en una mano. El hermano maullaba bajito, Purr no, me no-miraba con sus ojos borrosos de bebé desde su mascarita de Batman. Lo quise desde entonces.

Si no tienes gatos es difícil que entiendas por qué son los compañeros predilectos de los solteros y los solitarios (que no es ni tiene por qué ser lo mismo), por qué parecemos un poco pirados y obsesionados con sus tonterías y sus memes, que si tienes uno es factible que se convierta en el primero de quién sabe cuántos. Se siente raro no sentir su mirada vigilante en la casa, parece biblioteca. Macarrón y yo somos amables y fingimos alegría en voz baja cuando nos cruzamos. A ella se le nota norteada sin la bolla gritona. Le prometo que mañana se lo traigo pero llevo tres días prometiéndolo y cada una de nosotras se retira a su lugar de la casa.

Diabetes, mi sugar cat. Lo encaramos con entusiasmo y gatito chef (si has venido a casa has cantado gatito chef para él, hay versiones en español, inglés y portugués) pero sucede que el chocho cumple mientras tanto, mientras el páncreas se entera de que le has estado viendo la cara y reclama la insulina. Ahí estamos, él y yo, haciéndonos guiños de gato a través de los barrotitos de la jaula del hospital. Antes él me acompañó en todos los duelos a cabezazos y ronrroneos. Me despido y le dejo un besote rojo en la cabeza. Mañana regreso a darle otro.

lunes, 20 de enero de 2014

Michelle, ma belle

 


Imagínate esto:

De cuando en cuando, Dios reúne a sus más sabios consejeros (ángeles, animalitos, algunos árboles) para tomar decisiones importantes. Por ejemplo, cuando acordaron inventar los arcoiris para que los habitantes de la Tierra supieran que de las nubes más oscuras surgen los colores más brillantes; o cuando pusieron motores pequeñitos a los gatos para que arrullaran a sus bebés.

Pues bien, hace poco más de diez años, Dios y sus asesores se dieron cuenta de que las personas estaban muy ocupadas como para prestar atención a lo verdaderamente importante -como los arcoiris, las risas de los niños y los ronrroneos de los gatitos- y lo peor de todo: no se sentían felices sino cansadas y un poco molestas. Después de mucho pensarlo, lanzaron una convocatoria para enviar un milagro brillante al mundo, alguien que tuviera la difícil tarea de alegrar y despertar a cualquier corazón que tuviera la gracia de conocerle.

Muchos, muchos seres del cielo -serafines, querubines, hadas, pollitos y hasta algunas palomas- hicieron pruebas de talento pero ninguno convenció a los consejeros de Dios, que son exigentísimos. Al final del último día de casting, los asesores se miraron preocupados, ¿qué le dirían al Director?

Antes de que amaneciera la respuesta se les apareció bailando por el cielo, se trataba de una estrella despeinada y deslumbrante que corría, cantaba y daba brincos por encima de las nubes con los ojos cerrados. Los asesores la miraron centellear y hacer piruetas y no pudieron mas que sonreír porque habían encontrado a la candidata ideal para la tarea.

Un veinte de enero de hace diez años la estrellita abrió los ojos para encontrarse con los de su mamá y su papá -y abuelitos y tíos y amigos-, ellos sintieron de inmediato como la magia de la estrella más brillante del cielo les calentaba los corazones.

La nombraron Michelle y es mi sobrina.

 (Imagen obtenida de http://atimesnewromantic.wordpress.com)

jueves, 9 de enero de 2014

un cuento (de 2008)


era invierno y parecía invierno.

los colores de las cosas eran absolutos, chillones.

hubieran pero no sabían cómo salir de la maraña de la cortesía.

y es que el invierno era duro y no podían dejar el refugio.

no podían alejarse hasta perderse de vista, sólo tratar.

las formalidades y los ritos los herían como agujas.

su desprecio mutuo se volvía azúcar, sus ganas aceite.

pero las sonrisas y los tintineos de la cucharitas en las tasas eran más fuertes.

si tan sólo hubiera podido por un instante permitirse.

pero había pasado tanto tiempo desde la última vez que supieron cómo.

que no les quedaba más que esperar a que la nieve los dejara seguir con sus vidas.

donde la cortesía tuviera lugar para hincharse.

donde la consecuencia inevitable no fuera un lugar demasiado pequeño.

y siempre alguien de más.

martes, 28 de mayo de 2013

de lo emocionante

No es algo sencillo de decir porque tampoco fue fácil de descubrir. Se trató de un instante de trascendencia que vino de uno de los actos más banales --y no-- de mi día: ver el capítulo seis de la sexta temporada de Mad Men. En terminos narrativos, el capítulo se mueve, y eso ya le hacía falta a estas alturas a la serie; pero, sobre todo, el capítulo es emocionante: los personajes viran y caminan hacia espacios inesperados, la combinación de las circunstancias y las decisiones resulta en una jugada de ajedrez pulcra y eso, emocionante.

El asunto es que las cosas --fuera de la serie-- se me empezaban a poner chiclosas y grises. Las pérdidas de personas, símbolos y personas simbólicas se amontonaban para pasar por el ojo de una aguja. El impasse prolongado, el pasillo elongado y en la puerta del fondo nada más que la nada. ¿Cómo encajas otra ruptura? ¿Te acostumbras a la idea de la fatalidad de todos los inicios? ¿Lo ves sacar la mitad de tu casa por la puerta de tus expectativas, encoges los hombros y sigues calificando o asumes que sentir miedo es lo que toca y estiras el amor hasta que se parezca al odio?

Opté por perder. Pero en la lógica de soltar las amarras a los lastres se te va todo el equipaje. Perdí los ojos, perdí las identificaciones y perdí el tiempo --ese sujeto malencarado--. Así, en medio de la frontera y sin pasaporte, me senté a ver la serie y sentí la taquicardia del misterio, del camino nuevo, del resquicio esperanzador de los nuevos comienzos. Este ciclo se termina, es tiempo de virar hacia donde la corazonada sugiera. Las amarras sueltas auguran un vuelo ligero. Mejor será saldar las deudas, escribir cartas y visitar a los amigos porque en seis capítulos puede ser que el guionista se pire y entonces a saber.

miércoles, 10 de abril de 2013

La tiranía de las pequeñas cosas


Al tirano lo crió su madre. Lo amamantó con promesas de grandeza y amor incondicional, y él creció creyéndose bello y necesario. La evidencia de que así era fue su madre que se hizo leche para alimentarlo. El aprendió que todo lo merecía. Cuando grande y ya tirano, el hijo encerró a lo que quedaba de la madre en una torre alta con fotografías suyas en los cuatro muros, pensaba el tirano que así ella lo podría adorar sin cansarse y sin compartir las palabras salameras y suplicantes con alguien más. Nunca.

El tirano avasalla a todos a su paso con su encantadora sonrisa (los tiranos no matan a la gente, la someten, le aprenden los secretos y el mapa de sus botones). Todas las mujeres, una extensión de su madre, la sacerdotisa de su culto. El tirano está seguro de merecerlo, ellas están dispuestas a confirmárselo. La tiranía perfecta.

Aclaremos, el tirano no habla a multitudes, de hecho, ni siquiera se distinguiría en una. El tirano habla suave una lengua bruñida pletórica de imágenes seductoras como gobelinos. Ellas lo escuchan y lo imaginan en la contienda, bravo, gigante, regio; la guerra se torna ternura y las armas uñas. El tirano las acaricia con el habla, las esposa con promesas.

Ellas, madres de tiranos en potencia, se humedecen y lo acunan en sus brazos; sueñan con sus hijos. Con un gesto parece que se quitan de los ojos las telas de araña que el tirano ha empezado a tejer a su alrededor, pero el gesto no retira los hilos, sólo ayuda a que se apelmacen, que fijen los sueños épicos en sus ojos abiertos.

La voluntad se les tuerce como metal a las brasas, no hay trampa, ellas la regalan a cambio de promesas y miradas. El tirano las castiga con indiferencia y así les corrige la maldita costumbre de pensar en todo lo que no implique al tirano, porque se lo merece, porque así debe ser.

El tirano ha hecho un trabajo soberbio; es el mejor, se lo dijo su madre desde siempre. Las mujeres del tirano (futuras madres de otros tiranos) son consumidas, hechas leche para alimentarlo. Él no siente culpa, las mujeres se tienen que diluir para alimentarlo, es un honor, es un deber, él lo merece. Ellas se ahogan dentro de su crisálida, agonizan porque él no las mira. En el gobelino épico que han ayudado a coser en sus propios ojos, el gran hombre mira al horizonte que es un lugar imposible a sus espaldas.

Si pudiéramos saber lo que el tirano mira con insistencia en ese horizonte imposible veríamos a una mujer embarazada canturreando mientras acaricia su protuberante barriga: lo que tú quieras, lo que tú quieras, lo que tú quieras.

domingo, 15 de julio de 2012

¡Se perdió nuestra gatita Macarrón!





Es una hembra chaparrita de tres años, de color pardo con rayas negras y hermosos ojos verdes. Desapareció de casa el martes 10 de julio y desde entonces no hemos encontrado rastro de ella.

¡Estamos muy preocupados! Si la ves, por favor avísanos a Astrónomos 40, departamento 303 en la Colonia Escandón, o al 04455-15100537

¡Muchas gracias!

viernes, 6 de julio de 2012

de mudanzas

Vencido el pánico de alterar la idea de estabilidad que había decidido anclar de los muebles y las cosas, Estardilla hizo explotar el drenaje del caos:

papeles, pelusas de gato, papelitos con dibujos de patas de pollo, notas al margen, discos rayados, libros en japonés, aretes sin par, cascabeles desorientados, pasadores y reprobados, origamis, listas de alumnos ya graduados, fotografías de señores borrosos o forzosamente borrados, herencias simbólicas de los ausentes, esa tapa de algo, postales de peces dedicadas, recibos de luz y gas, propaganda personalizada, gafetes de participación en eventos de migración, lingüística aplicada, observación electoral, engargolados de titulación repletos de erratas y notas privadas de seriedad para sinodales seriesísimos, una corona de princesa que tiene a su gemela en casa de Cyntia Cerón, un principito de trapo, un gato de felpa, una diadema con orejas, otra con un enorme moño rosa, tazos, retazos, jabón para burbujas en un pastelito de bodas de plástico, abanicos, antifaces, estolas de plumas, sombreros de hombre, fotos de viajes, las caritas de siempre, las que ya nunca, al menos tres borradores de taller de lenguaje claro, mis  apuntes gastadísimos de semiótica y audiencias, mi moleskine llena, las otras libretas de cuando escribía todo, esa caja de zapatos que no tiene zapatos, botones, klínex lloriqueados, planes torcidos, canas, vidrios rotos, curitas, blisters de quién sabe qué sustancia, gente de pasto queridísima en fotos, gatos representados en francés en souvenir chileno en, credenciales de catedrático, de creativo, de director de, sueños estrujados, planes b; boletos de Radiohead Muse Rogerwaters Madonna Calle13 Vivelatino Mikepatton etecé, lo que significaba todo y ahora significa nada, ropa para donar a los señores del tren desde hace un año, banalidad, bananalidad, hilos, nudos, nudillos, memorias atrofiadas, pecados, pescados y peces.

El encargado del departamento de empaques para mudanzas -le da un aire al de la DEUNTOCOFRO- dice que todo eso cabe en un dedal. Sea.